domingo, 10 de junio de 2012

En Venezuela prohibieron hablar del dólar: ahora lo llaman lechuga

Hay sitios Web que informan sobre la “lechuga hoy” y se ofrece también la “lechuga europea”.


Ey ey Ehhh!!! espera, espera... Ehhhhh! vennnn venn veníiii…!” Son la ocho de la mañana y en el salón principal del aeropuerto de Maiquetía comienzan a abrir las casas de cambio que son mínimas cajas de vidrio con un empleado encerrado en un cubículo, en vela por un cliente que jamás llegará. ¿Cuánto es el cambio?, le pregunto a una chica que mira entusiasmada desde su pecera imaginando que al fin podrá hacer una operación. “4,4” dice abriendo los ojos y sin que ninguno de los dos hayamos pronunciado la palabra dólar . Muevo la cabeza y me voy enseguida.

El tipo que grita es un robusto taxista -o al menos así se ha presentado- que ve en el periodista extranjero una presa ideal para su negocio.

“Allí te matan, yo te pago el doble...! “ ¿Nueve?, pregunto. “Ocho ehhhh! ocho”. Aquí todos roban, eso no es el doble, le digo. “Ella roba más que yo”, responde señalando a la muchacha aburrida en su cueva de cristal.

En ese hall hay un racimo enorme de estos arbolitos . El que me toca a mi se llama Wilford y es un multipropósito: guía, cambista y taxista. La venta se hace en su auto mientras viajamos a Altamira en la zona norte de Caracas.

La paridad real en ese mercado, que según economistas como José Guerra) ex director del Banco Central) mueve alrededor de 10 a 20 millones de dólares diarios, poco más de 7% del mercado, es de nueve bolívares por billete verde.

Es esa la cifra que los venezolanos miran para conocer el precio de su economía , el valor al que deben tasar un departamento, su auto o cualquier otra operación.

El dólar oficial es un espectro.

El régimen de Hugo Chávez logró en 2010 enfriar el paralelo con una razzia sobre estos brokers grandes y chicos, algunos de los cuales aún están presos . Pero el negocio volvió a prosperar impulsado por la ansiedad de los venezolanos para ahorrar en esa moneda y escapar de una inflación del 27%. El líder bolivariano hizo entonces aprobar una legislación que convirtió en un delito penal no sólo la venta sino la mera mención de la cotización del paralelo.

Si un entrevistado en una radio desliza ese número maldito, la emisora puede ser sancionada y el periodista y su reporteado acabar en los tribunales. Lo mismo sucede con los diarios, revistas e Internet.

En la red existe un bloqueo para que las pantallas no sirvan de canal de operaciones clandestinas. Nada eficiente, pero es fácil corroborar que hay páginas que aparecen en blanco. Sin embargo, la idea de que si no lo mencionamos no existe choca con el ingenio de los venezolanos. En lugar de dólar, la Web se lleno de “lechuga verde”.

La cotización de la “verdura” comenzó a brindar un dato cercano sobre la paridad del billete marginal y la gente se entusiasmó. Las combinaciones en la red se multiplicaron “lechuga verde hoy”, “entra para ver el precio de la lechuga verde” y un poco más audaz y a calzón quitado “dólar paralelo de hoy, el precio de la lechuga verde”.

En algunos casos también se ofrece el precio de “lechuga” europea .

Hay dos niveles donde esta pelea por la divisa ha modificado el comportamiento de los venezolanos. Uno es el de la gente que busca atesorar el billete y a la que se le permite adquirir sólo 500 dólares por año . Si quieren más, por ejemplo para financiar un viaje, deben hacer un extenso y molesto trámite y el gobierno decidirá si autoriza o no. Aún en el caso positivo permitirá entre 500 y un máximo de 3.500 dólares según una tabla de viáticos que elaboró el régimen a su criterio y que se ajusta dependiendo de la zona del mundo que el ciudadano-cliente pretenda visitar.

No hay apelación.

El otro nivel son las empresas. El chavismo les ha derrumbado todos los caminos para convertir sus ganancias en divisas y girar en dividendos, de modo que las grandes industrias y complejos comerciales están atorados de bolívares.

Como en Venezuela sí se permite demandar dólares para comprar maquinarias, muchos aseguran sus fondos en esas adquisiciones, en la compra de otras empresas del mercado local o en i nversiones inmobiliarias, sector que es hoy un boom.

Se lo llame dólar negro o lechuga, el problema es que el viaje enloquecido de la divisa le está creando un desequilibrio monumental a las cuentas públicas . Las reservas del país son limitadas. En el Banco Central hay US$ 25.000 millones, de los cuales 70% son el oro que Chávez repatrió el año pasado. De ese total, las reservas liquidas suman apenas 1.700 millones . El gobierno urgido de caja ha emitido el equivalente de US$ 8.000 millones en cuatro meses de este año. “La recaudación en absoluto puede ir a ese ritmo”, dice Guerra que está convencido de que el país acabará en una nueva devaluación “que será de más del 50% para sincerar el tipo de cambio. Se irá a poco más de seis bolívares y eso aliviará el problema fiscal”.

Guerra sugiere q ue los argentinos observen con atención la saga de la “lechuga” venezolana . Economistas locales confirmaron a este enviado que misiones de funcionarios argentinos estuvieron reservadamente en Caracas antes de que la Casa Rosada impulsara la modificación de la carta del Banco Central para analizar aquí cuál sería el nivel adecuado de reservas. Y hace poco, llegó otro grupo para observar cómo funciona el control de cambios del régimen bolivariano. Son pistas de la influencia de Caracas sobre Buenos Aires. En cualquier caso parece claro que si se quiere adivinar cómo será lo que vendrá en Argentina las respuestas estén ya merodeando por este extravagante modelo caribeño.

clarin.com

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